Quién decide
Quien escribe decide. Un comité editorial comunitario reparte esa decisión.
El renacer de El Albarico
Por qué hizo falta
Hay algo que conviene decir de frente sobre nuestro propio oficio: quien escribe tiene el poder. Interpreta, ordena, elige qué queda dentro y qué se deja fuera.
Un documento puede recoger fielmente lo que dijo una comunidad y seguir siendo de quien lo escribió. Si el producto va a ser de la comunidad, esa decisión hay que repartirla — y repartirla en serio, no consultarla.
Qué hicimos
Explicamos en qué consistiría un comité editorial comunitario y lo conformamos. Tuvo jornadas de revisión del documento y edición colaborativa.
El comité dio orientaciones sobre la estructura del documento, aportó ilustraciones hechas a mano por integrantes de la comunidad, revisó en detalle el documento antes de publicarse, definió qué entraba y qué no, y tuvo poder de veto.
Qué cambió
El comité dinamizó y sostuvo la construcción colectiva, y la publicación quedó apropiada por la comunidad: eran sus voces, y también sus decisiones editoriales y sus dibujos.
La diferencia con una validación al final es que aquí la comunidad no revisó un documento ajeno: construyó el suyo.
Qué tenía que ser cierto
Que el poder de veto fuera real. Un comité consultivo produce otra cosa.
Tiempo en el cronograma para las jornadas de revisión: la edición colaborativa es lenta y hay que presupuestarla.
Que se explicara desde el principio en qué consistía, para que nadie llegara a validar algo ya cerrado.
Para llevarlo a otro proceso
- Definir el comité antes de escribir, no cuando hay borrador.
- Decir explícitamente qué puede decidir, incluido si puede vetar.
- Dejar lugar para lo que la comunidad quiera producir con sus manos — aquí fueron las ilustraciones.