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Aprendamos juntos.
- «Es una serpiente», dijo quien tocó la trompa.
- «Es un abanico», dijo quien tocó la oreja.
- «Es un muro», dijo quien tocó el costado.
- «Son columnas», dijo quien tocó las patas.
- «Es una cuerda», dijo quien tocó la cola.
Todos tenían razón. Ninguno tenía el elefante.
Con lo que ustedes vivieron pasa igual.
El proyecto termina. El equipo se dispersa. Y lo aprendido se va con cada quien, repartido en pedazos que nadie va a volver a juntar.
Aquí se juntan. Eso tiene un nombre: sistematización de experiencias.
Un informe dice qué pasó.
Una sistematización dice por qué.
Qué se hizo
Cuántos talleres, cuántas personas, cuánto se ejecutó. Todo cierto y todo necesario — y nada de eso explica por qué el tercer encuentro cambió el rumbo de los demás.
Por qué pasó
La decisión que nadie anotó, la tensión que se resolvió en un pasillo, el giro que en su momento pareció un error. Eso es lo que sirve la próxima vez.
Nadie recuerda solo.
Cada quien pone su pedazo: desde dónde estuvo, qué vio, qué le costó. En un mapa, en un tablero, en un muro, aparece lo que nadie tenía completo.
Y queda algo que sobrevive al equipo.
Ocho procesos.
Ocho cosas que aprendimos haciéndolos.
Se leen sin cuenta y sin registro.
Quién decide
Con qué lenguaje se dialoga
Dónde ocurre el proceso
Hay otros procesos que no aparecen aquí. Se sistematizaron con el acuerdo de no publicarse, y ese acuerdo se sostiene.
Y por qué se hace así
Los marcos que sostienen los instrumentos, en lenguaje claro y con sus discusiones abiertas.
Lecturas de contexto Leer sobre el error y el aprendizaje¿Hay algo que no quiere que se pierda?
Cada espacio empieza igual: una facilitadora, un grupo y una pregunta.
