Lectura de contexto · 9 min
Sistematizar no es informar
De contar lo que ocurrió a construir conocimiento con quienes lo hicieron posible
El informe responde qué pasó. La sistematización pregunta por qué pasó así, qué aprendimos y quién puede usar ese aprendizaje.
Dos documentos que se parecen
Al final de una práctica pueden existir dos textos. El primero cuenta fechas, actividades, asistentes y productos. El segundo vuelve sobre esas huellas para preguntar qué relaciones cambiaron, qué decisiones fueron decisivas y qué condiciones hicieron posible el resultado.
Los dos son necesarios. El problema aparece cuando se entrega el primero y se le llama sistematización. Una cronología demuestra que ocurrió algo; no explica qué puede aprender otra persona de ello.
De dónde viene la propuesta
Oscar Jara Holliday desarrolló la sistematización de experiencias en el campo de la educación popular latinoamericana. No la planteó como una técnica neutra para ordenar proyectos, sino como una forma de producir conocimiento desde la práctica y devolverlo a quienes la sostuvieron.
Orlando Fals Borda cuestionó la separación entre quien investiga y quien es investigado. En la investigación-acción participativa, el conocimiento no se extrae de una comunidad para convertirse en propiedad de una experta: se construye en relación y vuelve a la acción.
Paulo Freire llamó diálogo a una relación en la que nadie llega con la lectura completa del mundo. Eso no significa que todas las opiniones tengan el mismo fundamento, sino que el conocimiento se prueba en conversación con la experiencia de quienes la viven.
El movimiento de una sistematización
- Delimitar. Qué experiencia, periodo y pregunta se van a mirar.
- Reconstruir. Qué ocurrió, quiénes participaron y qué decisiones marcaron el camino.
- Interpretar. Qué patrones, tensiones y relaciones explican lo ocurrido.
- Confrontar. Qué otras voces confirman, contradicen o complejizan esa lectura.
- Devolver. Qué conocimiento se comparte, con quién y para qué puede servir.
La galería de la plataforma no publica una receta ni un caso ejemplar. Publica una experiencia suficientemente situada para que otra estudiante pueda preguntar en qué se parece a la suya y qué tendría que cambiar.
Dónde se discute
La sistematización no elimina las relaciones de poder. Quien decide qué se registra, qué se nombra y qué se publica sigue teniendo una posición. Por eso la devolución y la posibilidad de corregir la interpretación son parte del método, no un gesto final.
Tampoco todo aprendizaje tiene que volverse público. Hay experiencias con información sensible, riesgo para participantes o acuerdos de confidencialidad que obligan a conservar el conocimiento en un ámbito protegido.
La palabra «participativo» no garantiza diálogo. Un documento puede recoger muchas voces y seguir escrito desde una sola interpretación. Lo importante es poder mostrar qué cambió por la conversación.
Qué cambia en tu recorrido
Desde el intro, entiende la bitácora como insumo y no como fin. Escribir mientras pasa permite que la sistematización no dependa de una memoria reconstruida al final.
En la formación, distingue actividad, producto y aprendizaje. En la galería, lee las condiciones y decisiones detrás de una estrategia, no solo el resultado que quedó bonito.
La pregunta que acompaña todo el proceso es: ¿qué sabemos ahora que no sabíamos al empezar, y quién más podría usarlo?
Del registro al conocimiento compartido
Una sistematización no empieza cuando abres el documento final. Empieza cuando decides qué huellas conservar y qué preguntas hacerles. Por eso la bitácora, las conversaciones, los acuerdos y las producciones del sitio son insumos distintos: cada uno muestra una parte de la experiencia y también deja algo fuera.
Ordenar cronológicamente ayuda a reconstruir, pero no alcanza para interpretar. Busca momentos de giro: una decisión que cambió el rumbo, una tensión que se repitió, una voz que no estaba siendo escuchada o un resultado que apareció por una razón diferente a la prevista.
La interpretación gana fuerza cuando puede ser discutida por quienes participaron. Devuelve una síntesis breve y pregunta qué reconoce cada persona, qué corregiría y qué consecuencia no habías considerado. La devolución no es una aprobación ceremonial; puede cambiar el conocimiento que vas a publicar.
El producto final debe conservar esa relación entre evidencia, lectura y uso. Una persona que no estuvo allí debería poder entender qué ocurrió, pero también qué condiciones tendría que revisar antes de llevarse una idea a otro escenario.
Una forma de comprobarlo es escribir dos versiones de la misma experiencia. La primera responde a quien necesita saber qué se hizo y cuándo. La segunda responde a quien necesita comprender por qué una decisión tuvo sentido, qué tensión produjo y qué tendría que cuidar si intenta algo parecido. La diferencia entre ambas muestra qué conocimiento falta construir.
Interpretar no es buscar una moraleja única. Una misma decisión puede haber abierto una posibilidad para el equipo y haber aumentado la carga de otra persona. La sistematización debe sostener esas tensiones, porque reducirlas a «éxito» o «dificultad» elimina justamente lo que otra práctica necesita aprender.
La devolución puede usar distintos lenguajes: una conversación, una línea de tiempo comentada, una pieza visual o un texto breve. El formato importa menos que la posibilidad de que quienes participaron reconozcan la experiencia, discutan la lectura y decidan qué parte vale la pena compartir. Publicar no es el final obligatorio del proceso.
Por eso la sistematización no se evalúa solo por el acabado del producto. También se mira si el proceso permitió corregir una interpretación, si la evidencia está situada y si el aprendizaje puede volver a quienes participaron sin convertirlo en una propiedad ajena.
Cuando dos voces ofrecen explicaciones distintas, no hay que elegir de inmediato la que suena más ordenada. Puedes conservar ambas, buscar qué evidencia necesita cada una y reconocer que la experiencia produjo efectos diferentes según la posición de quien la vivió. Esa complejidad no es un defecto de edición: es parte del conocimiento.
La pregunta de calidad no es si el texto quedó impecable, sino si otra persona puede seguir el razonamiento y discutirlo con respeto.
Referencias
- Fals Borda, O. (1987). Knowledge and People’s Power: Lessons with Peasants in Nicaragua, Mexico and Colombia. New Society Publishers.
- Freire, P. (1970). Pedagogy of the Oppressed. Continuum.
- Jara Holliday, O. (2018). La sistematización de experiencias: práctica y teoría para otros mundos posibles. CEAAL.
- Ghiso, A. (1999). Acercamientos: el taller en procesos de investigación interactivos. Revista Colombiana de Trabajo Social, 13, 7–24.