Dónde ocurre el proceso
Cuando no se puede estar en el mismo lugar, el espacio virtual hay que diseñarlo.
Teatros por la paz · Pospandemia
Por qué hizo falta
En el contexto pospandemia había restricciones para los encuentros presenciales.
El encuentro cara a cara sigue siendo lo mejor para un proceso dialógico, así que la pregunta de método no era cómo reemplazarlo, sino cómo sostener la conversación cuando no es posible reunirse.
Qué hicimos
Diseñamos un espacio colaborativo para dialogar sobre preguntas clave, combinado con varios canales según lo que cada momento pedía: grupo de WhatsApp para el ritmo cotidiano, encuentros virtuales para la conversación colectiva, llamadas bilaterales para quien necesitaba conversar aparte, y recargas de datos para quienes no tenían conectividad en sus celulares.
Qué cambió
La conversación se sostuvo entre encuentros en vez de reiniciarse cada vez.
Y las recargas de datos hicieron una diferencia que conviene nombrar: la conectividad es una condición material de la participación. Sin resolverla, el espacio virtual se abre para quienes ya podían entrar.
Qué tenía que ser cierto
Que el espacio virtual fuera adecuado y pertinente, con condiciones propias para que la conversación fluyera. No basta con trasladar la reunión a una pantalla.
Que hubiera presupuesto para conectividad, tratado como insumo del proceso y no como gasto extra.
Para llevarlo a otro proceso
- Presupuestar datos desde la formulación, igual que se presupuesta transporte o refrigerio.
- Usar varios canales con funciones distintas — uno solo no sostiene un proceso.
- Preguntar a cada participante desde dónde puede conectarse, antes de elegir el canal.